Explorar las tardes frescas del otoño
asido a las cuerdas de una guitarra
sintiendo el ronronear felino
girando por las matas de la huerta
son cosas de la abuela
con un cucharón de palo
para inventarse el suave dulzor
de un pastillaje
para después de las cinco…
Sus pasos aún remesen las losetas
en aquel canturrear
con el que solía acompañar
aquella sensación de ser
una voz y un cuerpo
ávida de escuchar
sencilla en cubrir la soledad…
Hermosa en su indomada cabellera
ojos inquietos
y manos de jazmín…
Se llevó los años
dejando pétalos de vida
gracias mujer…
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