Son ahora también las cinco de la tarde
y ya no está mi padre sentado sobre la arena ni
suena el
heladero su mágica corneta dibujando en las nubes
los
tonos infinitos.
No asoma nadie a verme con ojos
fluorescentes.
Alguien llega hasta mí,
señala con su dedo la casa derrumbada, la gruta
sin
María.
Me acerca lentamente mi vaso de leche chocolatada:
espesa
muerte entre la arena,
helada desaparición de todo lo que era. Y bebo
seguido hasta la última gota.
Corro hacia el espejo, me peino con Fixina y salgo
entre los escombros
muerto por la vida.
(® Del libro: “Reloj de mar” – Finalista Premio
COPÉ de Poesía 2013)
