Cae la tarde,
se despeña
por la pendiente gris del invierno.
En enero en Europa es difícil sonreír,
hace frío y los corazones se congelan.
En este particular enero en Europa
es difícil sonreír,
la locura ha colonizado
la mente de los autócratas.
No tienen límite
sus desmanes prepotentes,
sus demoniacas performances,
sus obsesiones imperiales.
Millones sufren las consecuencias,
mientras unos pocos se frotan las manos
y se congratulan,
ellos compartirán el gran privilegio
de poder hacer daño.
Pero a veces me llegan buenas noticias:
hoy dos de mis queridas amigas,
que padecen cáncer,
han tenido análisis favorables.
Y yo, a pesar de la dureza de este invierno,
me he desbordado de alegría.
