No le mires a los ojos.
No te pierdas en su risa.
No le cumplas los antojos.
Háblale siempre de prisa.
No
siembren juntos un árbol.
No naveguen por el mar.
No horneen jamás un pastel.
No recojan flores al azar.
No
salgan con luna llena.
No cuenten ninguna estrella.
No hagan cocidos ni paella.
No compartan la botella.
No
enciendas una vela.
No uses ningún perfume.
No vistas medias de seda.
No dejes que el fuego se sume.
No
le roces los dedos.
No acaricien ningún gato.
No le beses los labios.
No le dediques ni un rato.
No
bailen nunca un bolero.
No se miren al dormir.
No despierten tan temprano.
No tengan nada que decir.
No
pintes corazones.
No leas novelas rosas.
No comas nunca ostiones.
No deshojes margaritas.
Y
si nada de esto resulta…
Consulten
con una bruja.
Ayunen tres días seguidos.
Confiésense con un cura.
Bailen desnudos, perdidos.
Aúllen
bajo la luna.
Beban un brebaje oscuro.
Reciten viejos conjuros.
Esperen un día más duro.
Y
si después de todo eso
nada les da resultado,
márchense, aunque sea en camello…
¡ya están perdidamente enamorados!
Porque
el amor, cuando llega,
no respeta ley ni fuero;
entra sin pedir permiso…
y hace inútil este hechicero.

