¡Oh desgracia!
Muy tarde llegué
Y no pude ver, húmedo aún,
El rastro que dejó
La lágrima en ruta hacia el tope
De la mesa que torpe
Hizo de depositorio
A la perla acuosa que
Nacida en los cielos,
Bajó paulatina por su mejilla
Para expresar mejor que nadie
Un triste sentimiento.
Yo, aquí estoy, de pie,
Atónito niño que perdió
La facultad de llorar,
Haciendo acorde callado
Con aquella perla hermosa
Que tocó fondo en una dura mesa
Sin dejar rastro en su ruta
Hacia el suelo.
Aquella profunda tristeza
Impactó a dos corazones:
uno que lloró
y otro que llegó tarde.
Ehvs feb/01/25
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