No cesan nunca de morir sus muertos
sus oscuras celosías
la reina mora al alba
el alfil
al que no le dió la mano.
No cesan de morirse nunca
sus alas
el corazón
ni el vuelco.
Muere el ardid
Muere tu voz
Muere el vidrio
la tuerca que no termina de envolverse.
Morimos todos
porque ya llegó la hora.
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