Hoy he pensado en España y en tus manos
pequeñas y blancas como un día de
fiesta.
He pensado en la lluvia,
en tu cara de ayer
y tu ropa limpia.
Mi tía Laura se tropezó con la vejez
ayer
y su casa de cadera le sonó en los
ojos
como una lluvia de locura y espanto.
Mi tía Laura tiene un campo
que obedece a Dios
y un recuerdo trastornado
en su pañuelo.

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