Me dejaste tendido a medianoche.
Una turba de encapuchados apaleaba un
caballo.
Crecían vidrios, matracas, risotadas.
Alguien hizo sonar una campana y nada
anunció:
el carnaval había terminado.
Como el bailarín que despierta sucio
entre raposas
y
busca inútilmente su disfraz de palabras
o el perro regresando a su siglo XIX
como el matarife que yerra
y acaricia compadecido a su cordero
y luego respira el aire rojizo
antes de asestar el último golpe:
mírame con un solo ojo desde la
esquina más distante
no vayas a acercarte.
0 comentarios :
Publicar un comentario