sábado, 4 de julio de 2026

CICATRIZ EN EL CIELO por GLORIA NISTAL

 Este mar, que alberga todos los mares,

respira en la penumbra.

No sabe que es también amanecer y despedida

y repite, desde hace milenios,

gestos de eternidad.

 

Hoy el horizonte se abre como una página incendiada.

Una línea de fuego escribe el primer verso del día

mientras el cielo, paciente copista del infinito,

borra con luz los últimos signos de la noche.

 

Allí, suspendida en la altura,

queda ella,

no es la poderosa dueña del cielo,

es apenas un vestigio, una coma de plata

en el largo manuscrito del firmamento.

 

Pienso entonces —como quizá habría pensado Borges—,

que todos los amaneceres del mundo

son el mismo amanecer que se reinventa

en mares distintos y en tiempos diferentes.

 

Pienso entonces que esa luna tan leve

no se despide del cielo,

sólo enseña

que también la eternidad necesita

una pequeña cicatriz de luz para ser creída.









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