miércoles, 22 de abril de 2026

LAS OLAS por GLORIA NISTAL

 Se mueven bajo la quilla

como un pensamiento que no descansa.

 

No tienen rostro fijo,

no guardan memoria de su forma,

y sin embargo

cada una me reconoce.

 

Vivo rodeado de agua.

No hay orillas que me expliquen,

no hay tierra que delimite mis pasos.

Solo esta extensión respirando

al ritmo de una fuerza antigua

que mece y exige.

 

La vida aquí no es línea recta.

Es balanceo.

Es aprender a confiar en lo que no se ve

bajo la superficie oscura.

 

Las olas llegan

como estados del alma:

unas suaves,

otras tensas y verticales,

otras cargadas de una energía

que obliga a ajustar velas,

a tensar manos,

a escuchar con el cuerpo entero.

 

He comprendido que no se trata

de vencerlas.

Se trata de leer su pulso,

de aceptar su idioma cambiante.

 

En el mar abierto

la luz no se posa:

se transforma.

Amanece líquida,

mediodía de acero brillante,

atardecer encendido que arde sobre el agua,

y luego la noche.

 

La noche del mar

no es ausencia,

es revelación.

 

Todo se intensifica.

El crujido mínimo del casco,

la vibración del viento en los cabos,

el golpe rítmico del agua

contra esta frágil frontera que me sostiene.

 

Mis sentidos despiertan

como si también fueran olas.

La vista aprende a distinguir

relieves en la sombra.

El oído descifra distancias invisibles.

La piel sabe antes que el pensamiento

cuando cambia el viento.

 

Y en esa oscuridad profunda

me reconozco pequeño

pero inexplicablemente completo.

 

La vida es este navegar.

Ir y venir sin abandonar el horizonte.

Aceptar que todo cambia de forma

aunque conserve su esencia.

 

A veces avanzo con suavidad,

otras veces resisto.

Hay jornadas en que todo fluye

y otras en que la fuerza del agua

me recuerda que no controlo

más que mi manera de estar en ella.

 

Pero siempre hay movimiento.

Siempre hay un impulso que regresa.

 

Como las olas.

 

Nunca son las mismas

y, sin embargo,

son el mismo mar.

 

Y yo,

entre su vaivén interminable,

aprendo a ser cambio

sin dejar de ser

quien navega.

 

LAS OLAS

Se suceden nerviosas,

son humanas,

parecen iguales,

pero todas son diferentes,

con una personalidad

que no se repite.

Las olas


 






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