viernes, 6 de febrero de 2015

BANDA NOCTURNA por Domingo de Ramos

A los guerreros del 80
Bajo la noche transparente
arden las veredas
parpadean los faros sobre los sucios
blue jeans de los jóvenes que se extravían entre esquinas
y parques claroscuros y negras casacas
entre brumas fosforescentes y blanquísimos cráneos
dientes rubios y dedos rubios escarchados por la yerba
Sus miradas brillan como hebillas de plata
llenan los tambores las plazas bañadas en aceite
y policías de felpa.
Por la noche salgo En el día huelo a gases lacrimógenos
la multitud me absorbe en sus paltas
pero me detengo en las claridades del mundo para respirar
sin un cigarrillo en los labios/el frío me congela los miembros
y no hay sitios donde descansar para ver
las rojas hormigas cargando huesos
migajas de pan/todo está cercado por fieras exhaustas
solitarias bancas/roto por el silencio y ese cascarón
azul que me separa de ti oh raquítica tierra
                                   mi cuerpo es solo fugaz y opaca estela de locura
                                                                      en el orden natural
eterno polvo sin entierro
          Y esas flores y esos muchachos seducidos por el polvo
por el orden ¡Oh los apestados de este siglo!
América es un Ácido, allí hay miles de angustiados
La ley es cruel me dicen los que no sobrevivieron a esta
guerra inconclusa donde mi banda de leñadores se dedicó
a demoler las gordas columnas de la Justicia, donde quedaron
solo tus enormes muslos/oh Cecilia/tus nalgas/ tu rostro de penca
y un boquete en el corazón luego de enfrentar a la policía
con un ejército de metales retorcidos
que fueron nuestros huesos después del incendio
sobre una autopista irreal donde aún palpitaban y se desangraban
los tibios corazones de los caballos que cayeron antes que nosotros
a pesar de su inocencia/de sus fuertes músculos
de su destreza para eludir las dificultades
que ahora soportamos cuando las tinieblas reinan
y el pánico de las bestias que rastrillan/se aproximan
calle por calle/zona por zona cubiertas con los adolescentes
cuerpos de mi pandilla que ha saboreado la catástrofe
antes de que el sol borre los resquicios y los escombros
a que fuimos sometidos.
¡Oh el deslumbramiento del horror! Mejor será largarnos
de esta ciudad a la que nunca pertenecimos
y ya no tengo banderas ni multitudes
Estoy perdido  
                                            entre los edificios
                                                                                 entre las calles
y bocacalles
                                              entre los cerros y basurales
deambulando con tu imagen impregnada en mi mente
(y tú Sarita eres como un rockanrol en mi pecho
oliendo a pasta que consume mi banda pensando en ti
en el cielo que le ofreces por unas monedas)
¿Qué puedo hacer? Llevo un amor a secas
que no me calma en el largo viaje por las suaves arenas
donde te conocí oh dulce Cecilia como la chicha que cantabas
para mí en aquellos tiempos en que asaltábamos
golpeábamos destruíamos y culeábamos en cualquier
estera bajo la tibia luna y el sereno mar que se enroscaba
en tu blusa de nube/todo termina y lo han sabido
nuestros enemigos/nos jodieron quitándonos la noche
Y solo me voy quedando/aturdiéndome ante el desayuno
y el responso que estoy escribiendo con dificultad
por el parpadeo de la vela
Estoy condenado a muerte/han arrojado mi sombra al mar
Estoy divinamente desolado/mi alma se queja como un torrente
y me dice expirando ¡¡¡MÁTATE!!!
                                                         y mudas piedras rodaron
Sobre las calles como una escuadra preparándome una celada
a plena luz del día con guardias de tránsito y helicópteros
de papel Me detienen/me botan/me organizo y vago en
plazas y barrios demoliendo las gordas columnas de la Justicia
mientras mi banda se aleja
                                                en tierra
                                                               en humo
                                                                            en polvo
                                                                                        en sombra
                                                                                                       en nada.


(De Arquitectura del espanto, 1988)

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