miércoles, 3 de junio de 2015
martes, 2 de junio de 2015
Caudal del tiempo por KamsseyYurajrumi
A: Orlando Ordóñez
Poesía en albor
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1 Dos pasos avanzó la media noche, A
11
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2 eran los minutos lerdos y cansados. B 11
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3 Contemplo
unas plumas que dan soroche,
A 11
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4 paisajes
de verdades extraviadas, C 11
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5 al trote de años serán consumadas. C 11
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6 Inmortales son Kantuta y Quinteto; D 11
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7 fierro, marfil y hombre son corroídos B 11
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8 pero tú, “Morce” eres como el Soneto. D 11
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9 La ternura tiene signos de vida, E 11
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10 la esperanza parece estar despierta, F 11
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11 la sabiduría se aferra a la vida. E 11
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12 Jamás flameó la bandera del orden, G
11
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13 los padres de padres son un desorden. G
11
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14 Abstracto mar de banderas lujosas H 11
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15 donde flamea mentira, energía muerta F 11
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16 cebando las gollerías esponjosas. H 11
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17 ¡Maquillan
las metas de la educación!
I 11
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18 ¡Al pantano se cayó la democracia! J 11
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19 los vates izan la ética del alma. K 11
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20 Culturas se desprenden con emoción I 11
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21 y
Boscán versifica en su alta gracia. J 11
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22 Kamssey
canta en su “Cóndor” con alegría
L 11
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23 Góngora y Vallejo fueron los poetas, LL 11
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24 quienes en vida no alcanzaron
palma, K 11
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25 cual
sonetistas tienen fama y gloria; L 11
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26 es hora de alcanzar, altura, poetas… LL 11
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Fórmula poética definida “Morce”
Poeta: La voz del silencio
lunes, 1 de junio de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
VI. por Miguel Antonio Morales
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Lejano, cercano,
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en dónde te ubicas para
reconocerte,
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afuera, adentro, en dónde he de
buscarte,
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cuando lo más valioso de mí mismo
pregunta por ti;
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he visto con mis ojos análogos tus
rostros diversos,
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y siento haber perdido tus gestos
más puros
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las señas escondidas
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los guiños interiores,
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los espacios en donde las palabras
no sirven de nada;
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en dónde he recibido tus
semblantes,
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con qué he medido el alcance de
tus pesares,
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el de tus grandezas,
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el ritmo de un tiempo en nuestro
mundo.
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No sé;
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saber, sería como negarte,
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como esculpir lo que no tiene
forma,
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como detener el agua
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que sin la turbulencia de antaño
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vieja calma y brillante entre tus
brazos,
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aquellas extremidades que son como
remos y apoyo,
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regocijo circular
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incógnita luz tubular,
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inmejorable lugar para nosotros
tus ramas.
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Tú eres el tronco que no caíste,
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nosotros los brotes ya erguidos
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del árbol consistente y lúcido que
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herido o no,
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sigue viajando hasta el atardecer
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todos los días,
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iluminando las esquinas más
íntimas
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los espacios menos frecuentes,
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las imprudencias de nuestro
tiempo,
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las persistencia debilitada de las
pruebas,
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haciéndonos ajenos a la malignidad
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con tu bendición usual,
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tierna y convincente.
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Me alegro de no hallarte todavía,
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Me entusiasma saber que debo seguir
buscándote
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Mediante esta liturgia de la vida.
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martes, 26 de mayo de 2015
Palabras sin cuerpo por Flavia Cosma
Para aquel hombre quien me ha
regalado el cielo
Nada más, nada menos…
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A través
de las paredes, bajan de vez en cuando
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palabras
sin cuerpo, enflaquecidas,
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palabras-fantasmas,
vaciadas de miga,
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errando
espacios, llegan y dividen
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los
hambrientos sueños de la noche.
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Hay que
decirte adiós ahora, mi ángel,
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el tiempo
de las salidas nos ha alcanzado
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y ya nos
supera.
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Estará presente en nuestras próximas citas,
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en
nuestras manos enlazadas,
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en los
confusos intercambios de miradas.
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En frases
ásperas, dubitativas y nerviosas,
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colocamos
el fin delante del principio,
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mientras
que el amor, presagiando su destino,
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se
atormenta, forcejeando raudamente.
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Traducción de Luis Raúl Calvo
En “El Barrio Latino”. 2013
viernes, 22 de mayo de 2015
Memoria de una tarea escolar por Enrique Sánchez Hernani
Para Enrique Manuel, en el 84
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La mano de
mi hijo corre por el césped blanco
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de la página
inmaculada de su cuaderno
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y una sombra
añil cae sobre las tablas de aritmética
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liberando
los fantasmas de los logaritmos
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el pánico infantil
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de las
preguntas. Esa mano con las uñas recortadas
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a golpes de
pelota y sucias por la grama que arrancó
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al querer
atrapar estrellas entre las azaleas
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está
avanzando entre números
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derribando problemas
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abriéndose paso
entre las interrogantes
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y un pájaro
se detiene en la ventana
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observa al niño
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ajetreado
sobre sus planas
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canta y le sopla el flequillo
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caído sobre
el cuaderno abierto
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pero el niño
no escucha la copla
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coge su lapicero
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los ojos
fijos en el ejercicio. “La señora Ana
vende conejos.
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El lunes vendió 21, el martes 19.
¿Cuántos conejos
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vendió la señora Ana?”.
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Entre trinos
y gorgojeos el niño se sobresalta
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golpea la
mesa con el puño
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vuela el pájaro
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los conejos
escapan y él – tranquilamente – regresa
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a sacar la
cuenta:
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“40 conejos y 1 pájaro en la ventana”
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amaneciendo
impresos en la pared empapelada del cuarto
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en el cielo
claro de la mañana
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como un
disparo de lápiz
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jueves, 21 de mayo de 2015
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