No hay otro secreto
que coleccionar soplos alados.
Caminamos impertérritos, enajenados
trazando espirales centrífugas
hacia lo ignoto.
Ciegos, dotados de gestos
magnánimos y abyectos
a partes iguales,
erigimos babeles sin reposo.
Nos zambullimos en la cascada de la amnesia
para vivir una vida vertiginosa
y disfrutar de las dichas
que las enciclopedias no saben contener.
Nada nos redime, ni nos importa,
participamos sin apenas consciencia
de la destrucción y las construcciones
circulares.
Luego llegan jadeantes,
a distancia de segundos,
la vejez, la enfermedad y la muerte.
Cursamos doctorados
Que nos ayuden a enfrentarnos
a la parca,
que inevitablemente nos supera.
Pero a veces…
se presenta en escena, poderosa,
la dea ex machina,
la palabra justa,
el mensaje tierno,
la sonrisa profunda,
el alma amiga,
los minutos mágicos,
los soplos alados.
Y no hay otra alquimia.
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