lunes, 15 de agosto de 2016

ARCOIRIS por CLAUDIA CACERES



Cuando cayó el primer rayo,
Alina se encontraba a cien kilómetros del arcoíris
Sus cabellos revueltos iban escapándose del viejo elástico gastado, deshilachado
Las primeras gotas de tormenta le besaron la sien
Las segundas, la palma de la mano con la que tentaba recoger sus dorados hilos rebeldes de cada día

Alina andaba siempre alegre, despeinándose la vida
Saboreando el gusto a fresas y menta silvestres impregnado en su enredadera de paja
Cuando cayó el segundo rayo, 
Don Picudo Jilguero, muy puntual y laborioso, destejía ciertos nudos angustiados por la humedad
Aquellos irremediables, le servían de cálida guarida en días como hoy

Antes del inicio del torrente
Las diminutas sombras a sus pies se fueron convirtiendo en espejismos del horizonte
El arcoíris se replegó  ante el gris y blanco en los ojos grandes de Alina
Y cuando el cielo se cuarteo en un suspiro mojado
Cayó el tercer – y ultimo- rayo


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