Del Editor

… "Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo / En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo / Hombre de mármol que vela en una estatua / O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba. “Parque para un hombre dormido”. 13 nudos en la espuma. JORGE EDUARDO EIELSON "

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Del Editor

"Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo / En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo / Hombre de mármol que vela en una estatua / O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba. “Parque para un hombre dormido”. 13 nudos en la espuma. JORGE EDUARDO EIELSON "

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"Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo / En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo / Hombre de mármol que vela en una estatua / O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba. “Parque para un hombre dormido”. 13 nudos en la espuma. JORGE EDUARDO EIELSON "

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"Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo / En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo / Hombre de mármol que vela en una estatua / O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba. “Parque para un hombre dormido”. 13 nudos en la espuma. JORGE EDUARDO EIELSON "

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"Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo / En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo / Hombre de mármol que vela en una estatua / O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba. “Parque para un hombre dormido”. 13 nudos en la espuma. JORGE EDUARDO EIELSON "

viernes, 28 de marzo de 2014

BARES DE MEDIANOCHE por Enrique Sánchez Hernani


Un ebrio mira la tormenta doméstica de una taberna.

Un ángel pasa llevando su luz por una mesa.

Una botella vuela.

Un estibador pronuncia un juramento.

La prostituta del vestido de percal se derrumba

en la barra de los vagabundos

mostrando sus pechos blancos como dos meteoritos de mármol.

La magnolia del bodegón decae.

Un plan para asaltar un banco concluye entre maldiciones

            brindis y manotazos.

Una mariposa de aluminio se posa en una botella.

El mozo pasea una sábana de niebla por la humedad vespertina

            de las mesas

para borrar el último fantasma del miedo.

Los relojes enloquecen.

Las sombras de Bretón de Vallejo de Safo y de Catulo

se arrastran por el aserrín de la taberna

como un perfecto escupitajo.

Alguien grita un verso.

Un hombre se arroja por una ventana

y todos pueden ver que vuela.

El alcohol hierve en las cuencas de los ojos

de un par de marineros ebrios.

Cuatro personas se disputan un travesti.

Salta una cuchilla y una gota de sangre se sepulta

entre los vasos de cerveza.

El poeta sacude los hombros.

Dos autos hacen sonar sus bocinas en el universo apagado

que se agazapa tras la puerta.

Un perro aúlla una canción mexicana.

Un disco de vinilo gira como un planeta lejano y desconocido.

Alguien pretende leer un libro pero las grafías escapan

como las cucarachas de un pozo negro.

Una mano se desliza bajo el vestido de una dama.

El cantante de boleros confunde la letra de su tema

con un bostezo.

Se juega una furiosa partida de naipes.

Dos dados manchados de sangre ruedan bajo las mesas.

Una muchacha muy pálida grita ¡Salud! bajándose el corpiño.

Alguien trata de suicidarse en el baño de la cantina

            murmurando una plegaria

que desde aquí nadie entiende.

La voz de Frank Sinatra se desgasta en una rocola

que con sus luces que se encienden y se apagan

parece una ciudad insomne.

Un moribundo lanza una blasfemia y un mendigo se persigna

            inmediatamente

cuestionando la posibilidad cartesiana de que dios exista

o que sea un invento de nuestra borrachera.

Afuera llueve. Adentro todos cantan.

 

Y en mitad de todo este universo de muerte y maravilla

un garabato de pétalos arrugados se arrastra sobre la mesa:

acaba de nacer la palabra

                                               el poeta escribe sus versos.

 
Enrique Sánchez Hernani (Lima 1953) es un sociólogo, poeta, escritor y periodista peruano.

martes, 25 de marzo de 2014

El bronce de las estatuas por Flavia Cosma


Besado en la boca, el bronce de las estatuas
se transforma en oro;
la materia inerte abre los ojos de par en par
el alma respira ruidosamente
trampa de humo, dulce brisa
el aire nos toma, sensual.
 
Acariciado en los senos, el bronce de las estatuas
se transforma  en agua verde, bendita agua                              
que envuelve las manos de alabastro del amado
inundando su  enorme corazón, que late y late
transtornando océanos
corriendo por las nubes
acercándose.

 

Traducción de Luis Raúl Calvo

Del poemario “El barrio latino” (2012)

Flavia Cosma es una poeta canadiense de origen rumano, escritora y traductora, ganadora de varios premios. Se graduó en Ingeniería Eléctrica en el Instituto Politécnico de Bucharest.

Cuando un poeta es ignorado por Manuel Felipe Álvarez


Cuando un poeta es ignorado
Su alma bebe un veneno de silencio
Las mariposas son sumergidas
A la sopa amarga del ritmo corriente
Una gaviota es condenada
A la guillotina
Pero las rosas arman su cuadrilla
Y cobran las deudas del amor.
 
Cuando un poeta es ignorado
La tarde sangra
Herida por los cristales
Que el olvido rompe
Cuando muere la luna
De sed
Los patriarcas son sentenciados
Al ostracismo
Mientras sus tumbas
Son incendiadas
Hojas que se calcinan
Antes de la última danza
Previo a ungir la tierra
El viento deja de besar el mar
Por eso las olas mueren
Sin haber nacido.
 
Simplemente
Cuando un poeta es ignorado
Es sepultado el sueño
Que es el grito más puro
Que se forja en el festival
De la vida
La Torre Pisa
Pierde su aparente y vieja inclinación
Los faros se derrumban
Y los barcos pierden su sueño
De anclar
No hay vino entonces
Para los melancólicos
Que se embriagarán con su propia sangre.
 
Ignorar a un poeta
Es el menos recordado y más grave
De los magnicidios
Porque es él
El poeta
Quien se atreve a beber el dolor
Para pintar de carnavalescos colores
El tiempo.


(En el “Carnaval del Olvido”)

Manuel Felipe Álvarez Galeano (1988. Antioquia. Colombia)

 

viernes, 21 de marzo de 2014

Ese soy yo…por Ernesto Lobo (2014)


Llevo por nombre un número tatuado en la piel

No recuerdo la hora extrema en que lo vi

Podría ser camino a las ventas de abril

O bajo las brumas de junio

Números redondos

Cuadrículas perfectas

La voz retumbó las blancas tapias de sillar

Mi carne enrojecida         chamuscada fue negocio de segundos

Mi nombre es un  número que vive en la piel

Rugoso y táctil del que me ufano en toda subasta            

Ese soy yo

Una ecuación en carne de número y dinero

Un cuerpo dormido en galpones de madera

Soy sangre   soy hueso     un número tal vez 

Pero de seguro  ese soy yo…

 

 
 

martes, 18 de marzo de 2014

Mina de oro por Carmen Amaralis Vega Olivencia


En la semipenumbra de la desesperación,

te siento.

Te siento latiendo acelerado,

con la mirada ausente.

Rígido en el tiempo.

Buscas oro,

el oro de la fama,

los aplausos.

En la búsqueda te abrazas,

se diluye la vida

en necias despedidas.

Se desgastan las ganas.

Se seca el huerto,

se vacía.

Cae el crepúsculo,

la noche se hace fría.

Si tan solo notaras

que en tu búsqueda

perdiste la mina de oro

donde brillaban los cristales del amor.

Carmen Amaralis Vega Olivencia es Doctora en Química y ejerce como Catedrática de Química en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. www.carmenamaralis-vega.com/

 

FLOR DE LOTO por Luis Alberto Ambroggio

“Vida, supongo que eres el residuo de incalculables muertes”
Walt Whitman (Song of myself, 49).
A Nelson Mandela, el 5 de Diciembre del 2013

Miro tu sonrisa blanca
en el estanque calmo de mi camino
que crece desde el barro,
desde los troncos negros del lodo,
y a través del agua venturosa
te veo brotar en el cielo.

Flor de loto son ellos, eres tú,
soy yo, es mi alma,
su progreso innumerable,
notas en el pentagrama de un canto
en el riachuelo de mi vida
después de tantas muertes.

Desde las puertas ágiles del inicio
hierba de semillas en los pantanos fermentados
nazco hacia el final que es un comienzo
sin miedos porque me cubre la piel reconfortante
de gente buena, de mis padres, mis abuelos,
la salvación de sus raíces y sus hojas
que forman el suelo,
la base de mi presente;
las fotos de sus sonrisas,
son también flores de lotos,
en el remanso de mi casa,
mi territorio fluido,
mi sueño…

Y el de todos.

©Luis Alberto Ambroggio (del poemario Todos somos Whitman)
--
Luis Alberto Ambroggio, Presidente, Delegación en Washington DC,  Academia Norteamericana de la Lengua Española Miembro Correspondiente de la Real Academia Española
http://www.anle.us/338/Luis-Alberto-Ambroggio.html

viernes, 14 de marzo de 2014

Clic clac por Claudia Cáceres


Me quedará el recuerdo del eco en caminos cuadrados, poco iluminados,
De frías mañanas aun no inauguradas por transeúntes idos en pensamientos irrelevantes,
Con miradas fijas, sabe uno donde,
En aquellas callejas, aburridas desde siempre.
  
Hasta que el clic clac llegó a mi puerta,
Y el clic clac  se alejó de ella.
Por el ovillo de la puerta observe y  nada, nadie.
De pronto,  clic, clac hasta mi puerta y clic clac alejándose.
 
Corrí entonces hasta el armario marrón,
Al final del patio: Y siguen ahí, donde los dejaste…
 
…Y el clic clac una vez más…
 
Sin oponer resistencia,  los saqué del armario y me los coloqué.
Y al unísono el clic clac se convirtió en una historia de vivencias eternas pues,
Al levantar la mirada, te vi del otro lado de la ventana,
Parado en la esquina, una eternidad y  después, nuestros suecos bailando hasta abrazarnos.
 

 

martes, 11 de marzo de 2014

Poieessis por Ana María García


Todo intento de poema es un flujo quebrado. Quiébrase en sí.

Accede y se asemeja. Vuelve siempre. Hita y rescinde pero

vuelve. Limpio y en despeje: sin traición.

 

Parece que no fuera pero es. Parece que no fuera pero va.

Qué cabe entonces…cabe en lugar primero la paciencia.

Presumir el tiempo como sangre. Presumirlo. Afinarse en él

Hasta papel y luego viento.

 

Este ingreso puede darse de dos formas. La primera es por

gracia. La segunda recibe de la gracia lo gratuito y después lo

adquiere.  Es el poeta

 

En “Juegos de Mano” (1999)

Ha publicado prosa y poesía en diferentes diarios y revistas del Perú y España. Es autora de dos libros de poesía: Hormas & Averías, editado por Caballo Rojo 1995 y el segundo, “Juegos de mano” editado también por Caballo Rojo en 1999.

SOY LA MUCHACHA EN LA CUEVA DEL OSO por María Cristina Azcona


En crisis tan elíptica, en éxtasis eléctrico

repico en el teclado de mi titubeo

como en un papiro cibernético y ciego

escribo en la pantalla con lápices ópticos

Muevo así los hilos de invisible sosiego

Conecto con cibernautas tan distantes y exóticos

Miles de poemas en el éter despliego

y lanzo botellas en el mar ignoto

Como una muchacha en la cueva del oso

Redondeo perlas de collar de sueños

Llevo mis ideas a lugares remotos

y en aquella hora en que el sol fragoroso

al cielo muda del celeste al rojo,

decido re ensamblar ventanas

y sigilosamente entreabrir cerrojos

para finalmente desnudar el alma

ante mil quinientas docenas de ojos

 

Psicopedagoga Clínica con Postgrado en Orientación Familiar. Poeta, editora y escritora bilingüe con cuatro libros en castellano, un libro en inglés publicado en India y más de quinientos trabajos impresos continuamente en diarios, antologías y revistas de Estados Unidos, Inglaterra, Europa e India.

viernes, 7 de marzo de 2014

PRESO DE LUZ por Nicolás Yerovi


Mi pequeña Paloma juega aquí al lado, a la cocina. Ella tiene algo más de dos años y esa sonrisa que viene de siglos y llena mi vida.

Paloma revuelve con una cuchara la sopa invisible que en su olla de juguete ha preparado. “Come, papi -me dice- tu comida”. Y yo bebo ese caldo de ilusión que ella pone entre mis labios, ese poco de aire de la tarde, esa mentira prodigiosa.

Sé que ella me alimenta como las olas la orilla, como un cuerpo la sombra que dibuja en la arena. Si me faltara su alimento yacería extenuado ante los astros, oscurecido, vano y sin deseos.

Pero Paloma está aquí, jugando a la cocina, y soy preso de luz a su costado.

Nicolás Yerovi (Lima, 31 de agosto de 1951)  Leonidas Nicolás Ramón Yerovi Díaz es un poeta, periodista, dramaturgo, novelista y humorista peruano

martes, 4 de marzo de 2014

“Decide “ por Fátima Rodríguez Serra


Lo que el corazón decide

no lo ata una rúbrica

ni porque una voz lo pide

o un sonido de súplica

 

No lo amarra un contrato

ni lo detiene una cerca

ni el más amargo relato

o alguna actitud terca.

 

Lo que el corazón decide

lo ha meditado despacio

fútil pedir que lo olvide

porque flota en el espacio

 

Sólo él sabe cuánto mide

es su aspiración secreta

cuando el corazón decide

trata de llegar a la meta.

 

 

Economista, pintora y poeta