lunes, 26 de enero de 2026

EL VUELO DEL LEOPARDO por ADRIAN ESCUDERO GONZÁLEZ

                                                 Dos morenas doncellas escapadas

del frenesí nocturno de su aldea milenaria

y adormecidas por la suave ventisca

de un montañoso y volcánico altiplano,

equilibran su sueño capturado por

dos solemnes y curvilíneos riscos,

custodiados por el inminente vuelo

de una recia mascota pespunteada y altiva,

que tutela feroz el sedimentado paisaje lunar

que las acuna, anochecido, tras un puñado

de silentes, solemnes nubes peregrinas…

 

Sus siluetas de cobre anochecido

se abrazan en mutua protección,

porque el risco donde han aventurado

su paseo nocturno y noctámbulo,

es todo un desafío al equilibrio

de esos cuerpos atados en un abrazo

firme que juramenta, al universo todo,

la amistad inescindible y nativa que las une.

 

Están felices de ser convidadas

por la brisa de lo Alto: saben que sus rezos

han sido escuchados por ocultos ancestros

y que el aire montañoso no es, sino,

el saludo refrescante de los dioses

nocturnos que esconden su rostro tras

la enhiesta faz de una luna encendida.

 

Y sueñan, en tanto el atlético leopardo

duda en emprender su nocturno vuelo

en ese encantador designio de apagar

una por una a las estrellas de Abisinia,

hasta destapar la noche y encender

el fuego rubio de los primeros rayos

de una infinita alborada.

 

Pero el deber puede más que su deseo,

y el vuelo del leopardo muere, cancelado.






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