domingo, 4 de enero de 2026

KUCULCÁN Y LOS DIOSES por GLORIA NISTAL

 Kuculcán me hizo viento

y llegué con sus plumas

a vislumbrar los océanos.

 

La mano de Kauil

plantó semillas en la tierra

y florecimos

hombres, mujeres

y el resto de seres vivos

de distinta condición.

 

Nüwa hizo lo propio

al otro lado del mundo

y rellenó el agujero del cielo

y ofreció su cuerpo

para frenar las inundaciones en la tierra.

Así pudimos crecer y multiplicarnos. 

 

Odín me introdujo en los secretos

de la magia y la poesía.

Hoy le canto agradecida.

 

Sashet, la señora de la casa de los libros,

acompañó mis dedos

para trazar y descifrar íntimos glifos.

 

Yumayá me visitó en el mar

y allí recibí y escucho atentamente

el mensaje de sus conchas.

 

Asese ya, insobornable,

me aferra a la tierra

de donde procedo

y a donde siempre vuelvo

y volveré.

 

Gracias a Sarasvati escuché

embelesada las melodías blancas

de la vina

y con ella disfruté de la música,

y  de las claves  

de la matemática y el corazón.

 

Y Afrodita, ¡Ay, Afrodita!

la más arcana y cercana,  

la amada y amante por los siglos.

Mientras Dios, Yaveh y Alá,

los dioses monolíticos,

imperan con fiereza en sus tronos justicieros,

ella apuntaló su espejo frente a mí

y la amé

y la amo desde la pubertad

con la fuerza de una catarata.

 





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