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En sus dedos
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el alma extrema
del clavicordio
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teclas gimiendo en
cósmico tañido
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voz celeste,
etérea
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sensación de
arenas descoloridas
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de tierras por
descubrir
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canciones por
entonar
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mientras los
claveles verdean
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y los timbales nos
regresan
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a un mundo repleto
de requiebros
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sones suaves
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dulces sones
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sus manos, ella,
la luz ciega del horizonte
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lo gris de sus
entornos y
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el fantasmal
espíritu del vino
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la tarde que corre
por entre sus cuerpos
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desnudez absoluta
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pasible
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inquieta
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la danza de un tú
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los abrazos de un
yo
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allí
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sobre el tamiz de sus
cuerpos
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completas las
tentaciones
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absolutas complicidades
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en aquel íntimo instante
al final de la tarde…
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HERMOSO
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