Pobre
y estás entre los higos
memorizando los oficios que tenía tu
padre.
La corteza siempre estuvo de tu parte:
voltea a lo largo de la desgracia,
derrama tu cesta sobre mi espalda,
apacigua los duraznos que viven.
Lamento que no existas,
Estás sobre los higos.
Agua está danzando sobre nuestro
tiempo eterno
y se viene la banda hasta nuestro
pesar.
Ahora que ajusto mis brazos en
reparación
a las estrellas, solo te veo entre la
gente
como un cometa festivo atrapado en un
rincón
del silencio.
Pelo y pecho amarillos y brujos hasta
el fin.
Tu mirada se me escapa entre los niños
y desterraba los más feroces
horizontes.
Esta vez no dejaré que el viento se
siente a tu mesa.
El agua está danzando sobre nuestro
tiempo eterno.