Un camino de plata
antes guiaba al oro;
no es conformismo,
es recordar la belleza
a través del aire silbado de un piano.
Una tenue esperanza
en la oscuridad de tu vida:
Sonata Claro de Luna.
Luz azul del espejo mágico,
refresca la tiniebla y acaricia las olas;
recuerdo de infancia:
muerto el Sol, resucita la Luna.
Cuando el alma tiende la cama
para reposar una idea,
acurrucada bajo el manto del talento,
amanece junto a la almohada,
empapada de desdicha, una epifanía.
El palpitar de la musa no responde a tu voluntad,
ni al dictado de la razón;
nada escrito en la tierra de la materia.
¿Volverán a pasear por el lago?
¿Oirán la risa de los niños y el aletear de las palomas?
¿Qué campo es este donde los frutos no maduran?
De rodillas al pie de la camilla,
aquel corazón a punto de abandonarte
te invitará, a través de las cuerdas de una guitarra,
a cuestionar la voluntad divina:
¿Por qué tu desdicha?
¿Por qué un padre ha de enterrar a un hijo?
¿Por qué la angustia, el desconsuelo?
Recuperarías la vista para llorar
y la perderías nuevamente;
nada importa ya.
Malditos designios.
En la punta de tus dedos,
el primer arpegio y luego el tercero...
¿Y qué responde Dios al insolente?
Ahora toca, y que todos sientan tu dolor,
tu reproche, tu furia, tu miedo.
Que sepan al despertar
que ya nadie necesitará vivir tu pena
ni enfrentarse a Dios;
bastará cerrar los ojos, como tú, ciego,
y oír lo que ocurrió en Aranjuez
para entender que la pérdida también completa,
y el espíritu, al perder, también gana.
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