miércoles, 4 de diciembre de 2013
Los dados de Dios por Ernesto Lobo
Dios
lanzó sus dados
Giraron
del seis al uno
Y
era mediodía,
Aún
el vino no se cernía en las copas
Y
el asado distante sobre el fuego
Jamás
llegaría a la mesa…
La
suerte, como el destino, habló
De
años, de cruces, de incertidumbre…
Los
dados siguieron rodando
Del
seis al uno
Mientras
las copas rotas
Yacían
sobre el madero…
No.
No me dijo nada.
Dios
no habla, calla mirando el horizonte,
Largas
lágrimas llenan su rostro
Viendo
el rodar de sus dados,
Dados
marcados,
Dados
de azar lanzados al viento,
Todo
es albur,
Todo
es juego
Y
las manos de Dios siguen girando
Ante
un Cristo sonriente que se aleja de la mesa
Aún
incierta, vacía, estéril
Las
fichas del juego rodarán por siempre
Así
como la barca se alejará del puerto
Dejando
una estela entre padre e hijo
En
la que Dios calla la lejanía de Cristo…
Arte poética por Ana María García
¿De
qué vale herrarte
De
que valió
La
alforja y la faja
Y
la acción
De
halar y parir?
Empederniste
los muslos
fieros-bravos y
estancos
a rabiar
a
trajinar por vías – propias y ajenas – con espanto o sin
él
en
todo caso en el trajín había puesto el dicho y dicho el
puesto
sólo
que no así – o no tanto –
“puede afectar condición”
“puede no ser grato”
por
toda carne un músculo
por
todo espejo una casa
un umbral
un cuerno
por
todo desaforo tres segundos de tumba sobre la flor
húmeda
por
toda resaca una sola tumba
húyete
antes de que vuelva
-
el peligro está en el cumplimiento del
ciclo
no
en el ciclo –
huye
que las rosas son erizos blandos y labios
muertos
las escamas de los peces huye
de
los bultos
y
de los fragmentos
huye
también de la casa en la que duermes y duerme el celo
en celo
martes, 26 de noviembre de 2013
Vacío menor por Claudia Cáceres
Sentarme, un día más, mirando esa pared, y esta presión en el oído…
…Duele. Tras la ventana, que se desdibuja a mi espalda, hay seres.
Otros. Los desconozco pues el
gris me los impide.
Aquí adentro, oigo voces al unísono: sonido distorsionado, difuso e
incoloro.
Significa ya nada… no aves, no agua, monotonía.
Mancha amarilla plasmada en esa pared,
Triangular por azar, ¿de pintura o añejo papel pegado?
Inerte ahí, en la esquina izquierda, aburrida.
No, no lo es. Ella tiene la vista libre hacia la ventana, al mundo
externo, al silencio,
La observo fijamente:
Antiguo caballero impermeable y sombrero de papel,
Cabalga a paso simple, sin llegar a mí, ni a la ventana,
Atrevido ignorante, ignorando (me) la vida fuera de aquí.
¡Quieto, quieta! ¿Dónde estuvo todo este tiempo? Fija, aquí.
Si sol ni lluvia otoñal, parada en el mismo rincón desde sabe quién o
cuando.
El ancla en mi cabeza, en mí oído pesa… duele, me impide voltear hacia
más allá,
Entonces grito. Más voces insignificantes, sin rostros, y me pregunto:
¿Acaso soy real? ¿Es la mancha amarilla un caballero real?
Vaso de cicuta por Carmen Amaralis Vega
Tres pasos sin
voltear la mirada,
|
Y quedó mi espíritu
sin fuerzas,
|
Atravesaron
surcos en mi rostro,
|
Envejecí de pronto
|
y casi sin alma
proseguí mi camino.
|
Seca, fría, inerte.
|
Tres pasos en
reversa,
|
y toda
una vida
|
se acomodó en mi
cajita de bronce y ébano.
|
Ébano negro como el
dolor de ausencias.
|
Ausencias para
siempre.
|
Tres pasos y me bebí
tu adiós
|
en un vaso de
cicuta fresca.
|
Solo espero que el
cofre de ébano florezca.
|
martes, 19 de noviembre de 2013
MI VIDA por Liliana Viacava
Mi vida anochecía y eran sombras,
las voces ardorosas de otros días.
Y fuiste manantial en el oasis,
de desoladas horas de la vida.
Me diste el canto el color y el beso,
luces, luceros de melancolía.
Ardió en destellos la esperanza ufana
voló en palomas la tristeza mía.
Y te quedaste para siempre mío
en locos sueños de mi arquitectura,
en los que labro los recuerdos tuyos
cuando decías que tú me querías.
las voces ardorosas de otros días.
Y fuiste manantial en el oasis,
de desoladas horas de la vida.
Me diste el canto el color y el beso,
luces, luceros de melancolía.
Ardió en destellos la esperanza ufana
voló en palomas la tristeza mía.
Y te quedaste para siempre mío
en locos sueños de mi arquitectura,
en los que labro los recuerdos tuyos
cuando decías que tú me querías.
Poesía por Teresa Palazzo Conti
Que la poesía te roce
con la magia en la piel y el entrecejo;
que te embriague en palabras descarriadas,
que disponga de ti.
En tu costado más herido
hará su cama pegajosa,
una cuerda de pan y algunos besos,
la idea del amor
en el desarmado rincón de las plegarias.
Que la poesía
te descubra en tus propias cavernas;
la mentira severa en tus orillas;
camuflada,
extraordinaria,
y su voz y tu sed,
y tu casa de argumentos con su techo tiznado
en medio de la angustia;
tu desvío y su corona
de signos sanadores;
el azúcar del cielo prometido.
Que la poesía
se instale en las arrugas del papel
entre borrones ancianos
y en el centro de tu negación
asesine la máscara.
©Teresa Palazzo Conti
martes, 12 de noviembre de 2013
Mi diosa Por Omar Monroy
Dedicada
a Diana de Socorro y a Diana de Barichara, presentadoras del I Encuentro
Internacional de Poetas La Casa
del Viento, agosto 2013, Colombia.
Tu nombre
permanece escanciado
como un exquisito vino
en la biblioteca de mis
sueños.
Mi pequeña diosa de
Colombia
de vez en cuando te
cateo en mis sueños preferidos
para volver a soñarte
una noche entera.
Tu sonrisa nívea y
melancólica
como las cautivantes
calles históricas de Barichara
se asoman en el amoroso
trinar de tus pájaros que
alborotan las mañanas
y en tus mágicos árboles
que se mecen en las manos
del viento serrano.
Barichara será Diana
en la memoria perenne
del tiempo que bellamente
te resucitará una y otra
vez
para no olvidarte mi
Diana del Socorro
mi Diana de Barichara.
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