Eran
las cinco de la tarde
el día
cayendo dormido
la mesa al
descubierto
y su figura
intacta
en necio
valor…
Así será
siempre
cuando a las
cinco
mirando más
allá del olivar
sintamos su
voz
entonando sus
versos…
Así lucirán
sus ojos moros
su piel
crispada
ese dolor de
ser
que
muere abriendo el corazón…
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